jueves, 5 de enero de 2012

Alma fértil

Cual semilla, emergiste de la tierra de mi psique;
Regada por el empirismo y la filosofía de antaño.
Tus ramas se extendieron por completo
Hasta llenar de una primavera de ilusiones
Cada lúgubre vacío que permanecía aún en el escepticismo.
El tronco, siempre erguido, consolidó en su interior
Los abigarrados sueños que cimentaron el cambio.

El vaivén de mi vida,
Los copiosos pensamientos que circundaban mi mente
Y mi espontánea curiosidad
Influyeron en la pizca de subjetividad con la cual estaría aliñada mi personalidad.

El ojo esquizoide de la imaginación
Planteó nuevas Ítacas a mi velero descubridor de nuevos mundos,
El cual divagó durante mi niñez sin un sino aparente en el mar de la incertidumbre
Y fue el efusivo naturalismo (propiamente joven)
El cual exhortó a Éolo, quien con ráfagas y vientos guió mi velero.


Hasta el día en que el árbol se secó,
En que aquel vacío neutral se amplió
Y se llenó de dogmas y cánones de escuelas convencionales
Que violaban, por completo, la filosofía arraigada.
Hasta el día en que mi mar y mi velero desaparecieron por completo
Y dejaron la categoría de metáfora
Para convertirse en sandez.

Hoy el árbol intenta germinar de nuevo,
En una tierra para muchos estéril,
En una tierra aún -para mí- con los minerales de la juventud,
Propicios para una nueva semilla,
Para un nuevo velero,
Para un nuevo mar.

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